Chita: A memory of Last Island

Urgewaltiger Roman über die letzten Tage eines Teils der Menschheit und wie ein kleines Mädchen dabei überlebt.

Roman von Lefcadio Hearn aus dem Jahr 1889. Deutsche Übersetzung 2015.

Die Menschen im Bayou leben am Rand der bewohnbaren Welt. Es sind Chinesen und Malayen, Franzosen, Spanier und Kreolen, Amerikaner und Deutsche. Es ist eine Welt größtmöglicher Gegensätze: mal paradiesisch schön und im schon im nächsten Augenblick sind Mensch und Tier dem Untergang preisgegeben. Die Natur ist hier wahrhaft allgewaltig und übermächtig. Lefcadio läßt die Natur durch seine Beschreibungen auf vielfältige Weise lebendig werden. Die Wellen haben Köpfe, die Wolken Gesichter und der Wind spielt die Musik zu einem großartigen Schauspiel, das zur Unterhaltung und zum Vergnügen der sommerlichen Besucher aufgeführt wird. Dabei klingt stets ein mögliches Umschlagen der Idylle in ein Unglück mit an:

Martinique1993plagepalmier
Karibik trikolor: La Martinique

„Nature,–incomprehensible Sphinx!–before her mightiest bursts of rage, ever puts forth her divinest witchery, makes more manifest her awful beauty …” Original pdf S.9
„Die Natur – unergründliche Sphinx – stellt vor ihren machtvollsten Zornesausbrüchen stets ihren göttlichen Zauber zur Schau, offenbart noch deutlicher ihre schreckliche Schönheit…“ Übersetzung S.22.

Die sommerlichen Urlauber sind gegenüber den Signalen der Natur blind und taub: in der Gruppe fühlen sie sich sicher. Beeindruckend ist die Beschreibung des Grauens und der Gefahren, die selbst starke und erfahrene Schwimmer befallen, wenn sie hier allein ins Meer hinausschwimmen. Wenn jedoch genug andere sich mit im Wasser tummeln, spielt das, was ein Einzelner zu empfinden vermag, schlicht keine Rolle mehr:

“Perhaps, if a bold swimmer, you may venture out alone a long way–once! Not twice!–even in company. As the water deepens beneath you, and you feel those ascending wave-currents of coldness arising which bespeak profundity, you will also begin to feel innumerable touches, as of groping fingers–touches of the bodies of fish, innumerable fish, fleeing towards shore. The farther you advance, the more thickly you will feel them come; and above you and around you, to right and left, others will leap and fall so swiftly as to daze the sight, like intercrossing fountain-jets of fluid silver. The gulls fly lower about you, circling with sinister squeaking cries;–perhaps for an instant your feet touch in the deep something heavy, swift, lithe, that rushes past with a swirling shock. Then the fear of the Abyss, the vast and voiceless Nightmare of the Sea, will come upon you; the silent panic of all those opaline millions that flee glimmering by will enter into you also…

From what do they flee thus perpetually? Is it from the giant sawfish or the ravening shark?–from the herds of the porpoises, or from the grande-ecaille,–that splendid monster whom no net may hold,–all helmed and armored in argent plate-mail?–or from the hideous devilfish of the Gulf,–gigantic, flat-bodied, black, with immense side-fins ever outspread like the pinions of a bat,–the terror of luggermen, the uprooter of anchors? From all these, perhaps, and from other monsters likewise–goblin shapes evolved by Nature as destroyers, as equilibrists, as counterchecks to that prodigious fecundity, which, unhindered, would thicken the deep into one measureless and waveless ferment of being… But when there are many bathers these perils are forgotten,–numbers give courage,–one can abandon one’s self, without fear of the invisible, to the long, quivering, electrical caresses of the sea …” S.11 Original pdf. Die Rettungsschwimmer konnten dieses Verhalten der Masse Mensch im Sommer 2014 zu ihrem Grauen ausführlich an den Ostseestränden studieren, als wochenlange Winde aus einer Richtung Tiefenströmungen in Gang setzten, denen jeden Tag aufs Neue zahlreiche Urlauber zum Opfer fielen: Was sollte man befürchten, es waren ja so viel andere auch im Wasser..

Die deutsche Übersetzung ermöglicht eine angenehm einfache Lektüre, auch durch die Erläuterungen im Anhang. Nicht jeder wird wissen, dass de Soto als erster Weißer den Mississippi befahren hat oder alle Sprachen sprechen, die im Roman vorkommen. Das Original findet man problemlos als pdf zum download. Es drängten sich mir beim Lesen unwillkürlich die unvergesslichen Bilder aus „Beast of the southern wild“ auf. Vielleicht hat Chita ja im kollektiven Gedächtnis der Bayoubewohner Spuren hinterlassen und steckt auf irgendeine Weise im Drehbuch bzw. Theatersück mit drin.

Werbung

Nostalgia del mar

Martinique1993plagedereves1Diese Kurzgeschichte von Delfina Acosta aus Paraguay hat ein Motiv, das mir in der südamerikanischen Literatur schon mal begegnet ist. Das Mädchen schreibt „veinte historias sobre el mar“, seine Schrift gleicht dem aufgewühlten Meer. Ein Mädchen aus Paraguay: da gibt’s  gar kein Meer, es ist ein Binnenland wie die Schweiz. Mit der gleichen Inbrunst suchen José Arcadio und die Seinen in Cien años de soledad das Meer: sie wissen, dass sie auf einer Halbinsel leben, finden sogar eine verfaulende Galione im Urwald. Bis zum Meer kommen sie nie, aber die Sehnsucht bleibt. Vielleicht ist es eine Nostalgie nach der verlorenen Heimat Spanien. Schließlich haben viele Menschen in Südamerika Vorfahren, die ebenso über das Meer gekommen sind, wie die Eltern von José Arcadio und Úrsula.

La Misión, Delfina Acosta

Tenía doce años. Empezaba a encontrar natural despertarme acosada por un pensamiento. Entonces me levantaba de la cama y me dirigía al gabinete. Allí escribía. Qué sé yo cuántas dudas escribía, pues – ciertamente – anotaba dudas. Tarea ardua para una niña que debía estar en su lecho durmiendo, pues eran las tres de la madrugada, y hacía un frío espantoso. Un viento que obligaba a los perros callejeros a meterse debajo de los autos abandonados en el callejón del pueblo.

Durante el día permanecía huraña.

– ¿No vas a lavarte los cabellos?

– Solamente un baño.

Mi existencia tomó un rumbo literario. Cuando el sol se ponía y los elementos de la naturaleza inclinaban con rigor a los sauces del cementerio, me apuraba la necesidad de escribir.

– Estás mal de la cabeza mi niña – me decía la nana, disparándome unos ojos asustados.

Pues claro que sí; que me sentía enferma, yo lo sabía.

Por otra parte, ¿qué trazador de versos en letras itálicas, no cae en la cuenta de que su cabeza suele ser invadida, repentinamente, por cientos de langostas?

Por la tarde escribía. Al menos había logrado ajustarme a un horario que no fuera motivo de gritos por parte de mi padre, quien al ver la luz prendida en el gabinete, perdía el sueño nocturno y se levantaba frecuentemente a orinar.

Una tos seca me acosaba.

Mi madre me observaba con lástima; sabía que no podía hacer nada por mí, salvo partir en dos mitades perfectas un comprimido de meprobramato, que tomaba con agua. Bajo los efectos del tranquilizante, me libraba del tormento de la escritura inmediata, y del presagio de futuras escrituras escabrosas.

Mi caligrafía ilegible revelaba el ánimo furioso del mar, que era, a veces, con su sonoridad vespertina, la causa de mis momentos de nerviosismo.

Escribí veinte historias sobre el mar.

Pero también sobre un jardinero, que enterraba gatos recién nacidos debajo de un rosal amarillo, mientras la dueña de la casa, una anciana jorobada, los andaba buscando por el corredor y las habitaciones. Cierta vez escribí sobre una mujer delgada y hermosa, que había salido a la calle, a la medianoche, con una alcuza en la mano. Llamaba a sus mininos perdidos con voz de bambú; las ventanas de las casas del pueblo se abrían de par en par.

– No son horas de andar gritando – le decía una señora, que daba de mamar a su niño.

– Gatos malditos. Si los encuentro los mato – gritaba la mujer.

Se hizo parte de mi vida escribir. Y tomar pastillas. Don José, el farmacéutico, me preguntaba a menudo cuándo publicaría mi libro. Yo sabía que el libro tendría que salir alguna vez. Pero aún debía definir el argumento de la moza que se había fugado con el gitano. Es más. No estaba segura de la historia. Jamás me convencieron las fugas. Y en esa indecisión batallaba. El boticario me admiraba. Él también escribía. Como compraba la medicina a crédito, me sentía en la obligación de escucharlo hablar sobre su libro. “Penumbras en el ártico” llamaba él a su obra. La cosa es que no sabía decirme ni dos renglones de ella. Mientras envolvía mi medicina recitaba alguna poesía de Amado Nervo. Y luego, como si el poema fuera de su autoría, me preguntaba con un suspiro de satisfacción: “Y, ¿qué me dices? Terrible, ¿no?”

Yo sabía que me estaba enfermando en serio. La obra crecía, se agigantaba, a costa de mi salud. Tenía la impresión de que el mar, la moza de los hermosos cabellos negros enamorada del gitano, los mininos de ojos relampagueantes y extraviados, todos, estaban metidos en mi gabinete.

Mis ojeras me delataban.

– Pero si estás muy mal – me reclamaba mi nana.

No podía parar. No debía dejar en eterno extravío a aquellos mininos. Alguien tenía que detener a la mujer con la alcuza en la calle. El romance de la moza de ojos airados y pelo renegrido merecía un perfecto final.

Todo era demasiado para mí.

Hoy fui a la farmacia. He comprado un frasco entero de somníferos.

Text aus diesem Blog: deliteraturayalgomas

Comentarios / Bemerkungen zum Samstagsdieb

Un mundo al revés
Hugo: durante la semana cuida a un banco, el sábado por la noche se convierte en ladrón. Parecido a Jekyll y Hyde cambia de carácter. Además, Ana, es una persona pública, trabajando en una estación de radio. Así, el radioyente insólito encuentra el jefe de su programa preferido. Punto común: la música popular. Otro cambio es el ladrón que da miedo y que poco a poco se transforme en amigo de la familia. Dando miedo al inicio, se convierte en buen amigo. Por fin los tres disfruten del domingo como ninguna otra familia del barrio.  Otro cambio: la mujer, la insomne emprendida, que bebe el vino con la pastilla al lugar del criminal y empieza a dormir. El, al contrario de que se puede pensar, el criminal no abusa a la mujer muy guapa, pero juega con la niña y se comporta cuasi infantil. ¿No había que prometer que la niña no lo ve? Incluso el lenguaje: ella le descubre en fraganti, palabro que típicamente  usamos conectado a extravías sexual.  Pero al pistolero le gusta jugar al buen padre de familia. Por fin, cuando el ladrón se va, le da consejos a la mujer que hacer para evitar robos. La mujer no siente un alivio cuando el hombre se va pero le invita a regresar.

Gabo ist schon ein Genie: er spielt mit unseren Vorurteilen und Klischees: er kennt sie nur zu genau und stellt sie ohne großes Federlesen komplett auf den Kopf. Alles ist kurz und knapp gehalten, Diebe haben keine Zeit für poetische Eskapaden. Der Text läuft schlicht im Präsens ab. Es geht flugs voran. Nach dem zweiten Satz ist der Plot beschrieben, sind alle Personen bekannt und sind mitten im gefährlichen Geschehen. Dann wird es putzig: der Einbrecher schlüpft in die Rolle des Hausherrn, zieht eine seiner Hosen an: die Größe scheint zu stimmen. Aber alles kommt erstens anders als man zweitens denkt: der Gangster will der hübschen Dame des Hauses nicht an die Wäsche, nicht er sondern sie trinkt das Schlafmittel. Am Ende gibt er fast alles wieder zurück (fast? Was hat er wohl behalten?). Als er schon weit weg ist, ruft sie ihn nochmal zurück: der Gatte ist am nächsten Week-end wieder verreist: Ein Wink mit dem Zaunpfahl. Er trollt sich, glücklich und zufrieden wie ein frisch Verliebter. Den Text in einer Gruppe wie wir gestern im cursillo de conversación mit Viviana zu besprechen macht erst recht Spaß: Einer allein kommt gar nicht auf so viele Deutungsmöglichkeiten. Ist der Dieb der verkleidete Ehemann? Was macht der Gatte an den Wochenenden: besucht er seine Freundin? Werden sie das Spiel so noch lange spielen? Hat er alles zurückgegeben bis auf ihr Herz? Fragen über Fragen, eine Geschichte die Geschichten gebiert ohne Ende. Einfach toll. Gregor Samsa lässt schön grüßen.

Embed from Getty Images

Der Samstagsdieb

Erzählung von Gabriel García Márquez. Übersetzung Robert Seidemann

Hugo, ein Dieb der nur an den Wochenenden klaut, betritt ein Haus an einem Samstag in der Nacht. Ana, die Hausbesitzerin, eine hübsche Dreißigjährige von leidenschaftlicher Schlaflosigkeit, erwischt ihn in flagranti. Mit der Pistole bedroht, übergibt die Frau ihm alle Schmuckstücke und Wertsachen und bittet ihn, er möge sich nicht Pauli nähern, ihrer drei Jahre alten Tochter. Nichtsdestoweniger sieht die Tochter ihn und er erobert sie mit einiger Magie. Hugo denkt: „Wozu so bald weggehen, wenn man es hier so gut hat?“ Er könnte das ganze Wochenende bleiben und die Situation in vollen Zügen genießen, denn der Ehemann -das hatte er ausspioniert- kommt von seiner Geschäftsreise erst am Sonntag in der Nacht zurück. Der Dieb überlegt es sich reiflich: er zieht sich die Hosen des Hausherren an und bittet Ana, sie möge für ihn kochen, sie möge den Wein aus dem Keller holen und sie möge Musik auflegen zum Essen, denn ohne Musik kann man nicht leben.

Ana ist besorgt um Pauli und während sie das Abendessen bereitet, denkt sie sich etwas aus, um den Kerl aus ihrem Haus zu bekommen. Aber sie kann nicht viel ausrichten, denn Hugo hat die Telefonkabel durchtrennt, das Haus liegt abseits, es ist Nacht und niemand wird vorbeikommen.

Ana beschließt in Hugos Glas eine Schlaftablette zu tun. Während des Essens bemerkt der Dieb, der unter der Woche als Wachmann bei einer Bank arbeitet, dass Ana die Moderatorin seines Lieblingsprogramms im Radio ist, das Programm mit der Schlagermusik, dass der immer jede Nacht hört. Hugo ist ihr großer Bewunderer und während sie dem großartigen Benny lauschen, wie er singt, wie es einstmals war, sprechen sie über Musik und Musiker. Ana bereut, ihn einzuschläfern, aber Hugo verhält sich ruhig und hat keine Absichten sie zu belästigen oder zu vergewaltigen, aber es ist schon zu spät, denn das Schlafmittel ist bereits im Glas und der Dieb trinkt zufrieden gänzlich aus. Es hat jedoch eine Verwechslung gegeben, derjenige der das Glas mit der Pille getrunken hat, ist sie. Ana schläft postwendend ein.

Am nächsten Morgen erwacht Ana vollständig angezogen und schön mit einer Decke zugedeckt in ihrem Schlafzimmer. Im Garten spielen Hugo und Pauli, gerade haben sie das Frühstück beendet. Ana wundert sich, dass sie sich so gut verstehen. Obendrein gefällt ihr, wie dieser Dieb kocht und der letzten Endes recht attraktiv ist. Ana beginnt ein wundersames Glücksgefühl zu verspüren.

In diesem Augenblick kommt eine Freundin vorbei um sie zum Essen einzuladen. Hugo wird nervös, aber Ana erfindet eine Erkrankung der Kleinen und verabschiedet sie flugs. So bleiben die Drei gemeinsam zuhause um den Sonntag zu genießen. Hugo repariert die Fenster und das Telefon, das er in der vorherigen Nacht zerlegt hatte und pfeift dabei. Ana bemerkt, dass er so gut Salsa tanzt, ein Tanz der sie begeistert, den sie aber nie mit irgendwem praktizieren kann. Sie schlägt ihm ein Tänzchen vor und sie bringen sich in Stellung: auf diese Weise tanzen sie bis zum Beginn des Abends. Pauli beobachtet sie, schließlich schläft sie ein. Endlich erschöpft sinken sie in einen Sessel im Wohnzimmer.

Dem Glücklichen schlägt keine Stunde, schon ist es Zeit, dass der Ehemann zurückkehrt. Obwohl Ana sich weigert, gibt Hugo quasi alles, was er geraubt hatte, zurück und gibt ihr einige Ratschläge, damit sich nicht Diebe ins Haus schleichen und verabschiedet sich von den beiden Frauen mit nicht wenig Traurigkeit. Ana schaut, wie er sich entfernt. Hugo ist kurz vor dem Entschwinden, da ruft sie ihn laut. Als er zurückkehrt, sagt sie ihm, während sie ihm fest in die Augen schaut, dass ihr Ehemann am kommenden Wochenende wiederum auf Reisen geht. Der Samstagsdieb geht glücklich fort, tanzt durch die Straßen des Viertels, während die Dämmerung hereinbricht.

Embed from Getty Images

Ladrón de sábado

Hugo, un ladrón que sólo roba los fines de semana, entra en una casa un sábado por la noche. Ana, la dueña, una treintañera guapa e insomne empedernida, lo descubre in fraganti. Amenazada con la pistola, la mujer le entrega todas las joyas y cosas de valor, y le pide que no se acerque a Pauli, su niña de tres años. Sin embargo, la niña lo ve, y él la conquista con algunos trucos de magia. Hugo piensa: «¿Por qué irse tan pronto, si se está tan bien aquí?» Podría quedarse todo el fin de semana y gozar plenamente la situación, pues el marido -lo sabe porque los ha espiado- no regresa de su viaje de negocios hasta el domingo en la noche. El ladrón no lo piensa mucho: se pone los pantalones del señor de la casa y le pide a Ana que cocine para él, que saque el vino de la cava y que ponga algo de música para cenar, porque sin música no puede vivir.

A Ana, preocupada por Pauli, mientras prepara la cena se le ocurre algo para sacar al tipo de su casa. Pero no puede hacer gran cosa porque Hugo cortó los cables del teléfono, la casa está muy alejada, es de noche y nadie va a llegar. Ana decide poner una pastilla para dormir en la copa de Hugo. Durante la cena, el ladrón, que entre semana es velador de un banco, descubre que Ana es la conductora de su programa favorito de radio, el programa de música popular que oye todas las noches, sin falta. Hugo es su gran admirador y. mientras escuchan al gran Benny cantando Cómo fue en un casete, hablan sobre música y músicos. Ana se arrepiente de dormirlo pues Hugo se comporta tranquilamente y no tiene intenciones de lastimarla ni violentarla, pero ya es tarde porque el somnífero ya está en la copa y el ladrón la bebe toda muy contento. Sin embargo, ha habido una equivocación, y quien ha tomado la copa con la pastilla es ella. Ana se queda dormida en un dos por tres.

A la mañana siguiente Ana despierta completamente vestida y muy bien tapada con una cobija, en su recámara. En el jardín, Hugo y Pauli juegan, ya que han terminado de hacer el desayuno. Ana se sorprende de lo bien que se llevan. Además, le encanta cómo cocina ese ladrón que, a fin de cuentas, es bastante atractivo. Ana empieza a sentir una extraña felicidad.

En esos momentos una amiga pasa para invitarla a comer. Hugo se pone nervioso pero Ana inventa que la niña está enferma y la despide de inmediato. Así los tres se quedan juntitos en casa a disfrutar del domingo. Hugo repara las ventanas y el teléfono que descompuso la noche anterior, mientras silba. Ana se entera de que él baila muy bien el danzón, baile que a ella le encanta pero que nunca puede practicar con nadie. Él le propone que bailen una pieza y se acoplan de tal manera que bailan hasta ya entrada la tarde. Pauli los observa, aplaude y, finalmente se queda dormida. Rendidos, terminan tirados en un sillón de la sala.

Para entonces ya se les fue el santo al cielo, pues es hora de que el marido regrese. Aunque Ana se resiste, Hugo le devuelve casi todo lo que había robado, le da algunos consejos para que no se metan en su casa los ladrones, y se despide de las dos mujeres con no poca tristeza. Ana lo mira alejarse. Hugo está por desaparecer y ella lo llama a voces. Cuando regresa le dice, mirándole muy fijo a los ojos, que el próximo fin de semana su esposo va a volver a salir de viaje. El ladrón de sábado se va feliz, bailando por las calles del barrio, mientras anochece.

Embed from Getty Images

Macondo in der Malerei

Artgraceale - Blog de Aleja Lavodnas

Acrílico sobre madera. 150 x 50 cms Acrílico sobre madera. 150 x 50 cms

Me crié en Macondo, esa es la realidad de todos los que hemos vivido, nacido o crecido en la costa. Mi Macondo lleno de colores, de mariposas, de mar y de sal, la Cantera y las historias de Abuelín y Maso en Arenal. La bahía de Manga… bañarse en un aguacero y el maní caliente (¡a veinte!), el Pastelillo y los atardeceres desde la muralla, amanecer en la playa, Cholón, el lorito real, las cocadas y las alegrías, el mango verde y el raspao del chino, el día de las velitas, las chispitas mariposa, las iguanas, los mangos, los nísperos, el limón mandarina, la papaya y el caballito; el calor, las veraneras, las arepitas de anís y me regaló una flor de cien años.

No es sólo un homenaje a Gabo, es mi nostalgia, de mi tierra, que con cada año que paso afuera…

Ursprünglichen Post anzeigen 89 weitere Wörter

Der Homunkulus

Part 1, Chapter 1, The first turning of the screw Epigraph
MEPHISTOPHELES, (leiser): was gibt’s?
WAGNER, (leiser): Es wird ein Mensch gemacht.
Goethe, Faust II, deutsch im amerikanischen Original

Gaddis stellt den Recognitions ein Zitat voran, da sich auf Goethe als Alchemisten bezieht. Der ach so fleißige Studenten Wagner, der sich mit Faust auf den Osterspaziergang begeben hat (Faust, Der Tragödie erster Teil), hat inzwischen promoviert und arbeitet nun selbständig im Labor:

Faust, Der Tragödie Zweiter Teil, 2. Akt, Laboratorium

„WAGNER: Die Glocke tönt, die fürchterliche,
Durchschauert die berußten Mauern.
Nicht länger kann das Ungewisse
Der ernstesten Erwartung dauern.
Schon hellen sich die Finsternisse;
Schon in der innersten Phiole
Erglüht es wie lebendige Kohle,
Ja wie der herrlichste Karfunkel,
Verstrahlend Blitze durch das Dunkel.
Ein helles weißes Licht erscheint!
O daß ich’s diesmal nicht verliere!
— Ach Gott! was rasselt an der Türe?
MEPHISTOPHELES: Willkommen! es ist gut gemeint.
WAGNER: Willkommen zu dem Stern der Stunde!
Doch haltet Wort und Atem fest im Munde,
Ein herrlich Werk ist gleich zustand gebracht.
MEPHISTOPHELES: Was gibt es denn?
WAGNER: Es wird ein Mensch gemacht.“

Dr. Wagner mischt die Stoffe nach geheimem Wissen solange, bis das höchste Ziel als Artefakt geschaffen wird: ein Mensch. Damit zeigt er das unaufhörliche menschliche Streben nach Veränderung und Umwandlung der Materie auf. Auf diesem Weg lässt sich mit geheimem Wissen und Strebsamkeit alles erreichen. Das im Feuer entstandene Miniatur-Menschenwesen in der Phiole ist schlau und quicklebendig, aber nur in seiner Glaskugel lebensfähig. Selbst der Teufel staunt, wozu es die Menschen hier schon gebracht haben. Der Protagonist des Romans wird später selbst Pigmente und Bindemittel verrühren und in der Malerei große Werke schaffen. Goethe suchte als Lapis philosophorum nicht das Gold sondern den Bezug zwischen Mensch und Kosmos, den verborgenen Kräften hinter den Dingen. Goethe hat zeitlebens die rationale Naturwissenschaft abgelehnt und stand damit im offenen Widerspruch zu Forschern wie Newton. Er begeisterte sich für eine beseelte Natur, auf die auch Kräfte aus der Sternenwelt einwirken. Während einer schweren Erkrankung 1768/69 begann er das intensive Studium alchemischen Wissens. Anregungen dazu gab es insbesondere von der mit seiner  Familie befreundeten Susanne Catharina von Klettenberg, der Nichte des berühmten Alchemisten Hektor von Klettenberg, der als Betrüger enthauptet worden war. Wesentlich für seine Genesung war eine geheime Medizin des Arztes der Familie Johann Friedrich Metz. In der Folge befasste er sich eingehend mit den Schriften von Paracelsius und Basilius Valentinus. Je mehr er sich in die Gedanken der Alchemisten vertiefte, desto stärker lehnte er das mechanistische und mathematische Weltbild der Aufklärung ab. Der bekannteste Homunkulus ist der Golem des Rabbi Löw aus dem Roman von Gustav Meyrink.

Basil Valentin alias Basilius Valentinus

Der hochgebildete und intelligente Kunstkritiker Basil Valentin („He is mixted up in a lot of things. …. – in good damn near everything. He is too smart for his own good….- A good man? – He’s got the best education money can buy” Original S.364) ist eine direkte Anspielung auf Basilius Valentinus. So lautet der Name oder wahrscheinlich eher das Pseudonym, unter dem zahlreiche alchemische Schriften veröffentlicht wurden. Der Name ist eine Zusammensetzung aus basileus=König und valens=mächtig (spanisch: valiente). Über die Person gibt es lediglich Informationen aus den unter diesem Namen publizierten Werken. Er soll demnach ein Benediktinermönch gewesen sein und im 14/15.Jhd. gelebt haben. Andererseits gibt es Texte, in denen der Autor Amerika, den Buchdruck, die Franzosenkrankheit und den Tabak kennt. In dem 1674 von Vincent Placcius in Hamburg veröffentlichten Buch „De scriptis et scriptoribus anonymis atque pseudonymis syntagma » wurde die Vermutung aufgestellt, es handele sich um ein Pseudonym. Der Herausgeber der Schriften des B.V., Johann Tölde, sei auch gleichzeitig der Verfasser.
Placcius, Vincent,Verlagsort: Hamburgi, Erscheinungsjahr: 1674
Wie schon Paracelsus glaubte B.V. an Elementargeister als den Menschen beeinflussender Kräfte. Das sind spirituelle Beeinflussungen der aristotelischen Elemente. Er vertritt die Mikrokosmos/Makrokosmos Lehre, die eine innere Entsprechung zwischen Mensch, Welt und im Besonderen den Sternen annimmt. (vgl. Claus Priesner, Basilius Valentinus, Alchemie). Gaddis bezieht sich auf ein berühmtes Werk des Basilius: „Triumpfwagen Antimonii“. „The Triumphal Car of Antimony […] anathema to monks“ Original S.384.
Antimon ist ein chemisches Element, ein Halbmetall mit dem Zeichen Sb von Lat. Stibium. Daher auch das „stibium“ im englischen Text bei Gaddis. Arabisch „Kuhl“, Augenpaste plus Artikel „Al“ ergibt Alkohol. Antimon zunächst als Pulver, dann als flüchtige Flüssigkeit (Weingeist). Seit der Antike wurde Antimonsulfid in der Augenheilkunde verwendet sowie zur Behandlung von Wunden und Geschwüren. Da die Medikamente auch sehr giftig sein konnten, waren sie umstritten und teilweise verboten. Beim Reduzieren von Antimon bildet sich ein kompakter Metallkörper mit sternfömiger, kristallisierender Oberfläche genannt Signatstern oder lat. Antimonii. Dies legt einen Bezug zu den Sternen nahe. Auch die tödliche Wirkung der Arznei wird aufgegriffen. Nachdem die wachstumsfördernde Wirkung auf Schweine bekannt war, probierte man das Antimon an Mönchen aus: leider überlebten die es nicht. (Deutsch, S.519).

Melquiadés erreicht den Zustand der Unsterblichkeit

Macondo ist für lange Jahre ein Ort ohne Friedhof und auch der Bau der Kirche erfolgt noch bevor konkreter Bedarf vorhanden ist. Als erster stirbt Melquiadés, der Zigeuner. Er sieht sein Ende kommen und weist Arcadio an: “Wenn ich sterbe, dann brennt drei Tage Quecksilber in meinem Zimmer ab“. Nach dem Sinn gefragt erklärt er kurz und knapp: „Ich habe die Unsterblichkeit erreicht“. (DTV 1987, S.88).

Quecksilber, synonym: Argentus vivum, Mercurius. Metall, Ordnungszahl 80, spezifisches Gewicht 13,59, Schmelzpunkt -33.84 °C, Kondensationspunkt: 356,5°C, chemisches Zeichen Hg, silberweißes, bei Raumtemperatur flüssiges Schwermetall.

Das Buch der Alaune und Salze ist ein Alchemie-Grundwerk. Es wurde ca. im 11. Jahrhundert in Spanien geschrieben. Als Quellen dienten Schriften von Islamischen Gelehrten wie Dschābir ibn Hayyān und Abu Bakr Mohammad Ibn Zakariya al-Razi sowie Schriften aus ägyptischen Kreisen. (Wikipedia). Es schildert die Vorstellung vom Quecksilber so:
“Rede über das Quecksilber: Wisse, dass es kalt und feucht ist, und dass Gott aus ihm alle Minerale geschaffen hat; daher ist es ihr Ursprung. Und es ist luftartig, das Feuer fliehend, doch wenn es eine Weile im Feuer gestanden hat, wird es wunderbare und hohe Werke vollbringen. Und es ist das, was in alle Metallkörper eingeht; es dringt ein und erhebt und erhöht die Körper. Wenn es sich daher mit einem beliebigen Körper vermischt hat, wird es ihn lebendig machen und ihn verschönern und ihn umwandeln von einem Zustand zum anderen, von einer Farbe in eine andere, wenn es mit ihm gemischt und verbunden worden ist. Und es ist immerwährendes Wasser, und es ist das Wasser des Lebens.“ Priesner, Figala, Alchemie, S. 296.

Schlange der Alchemisten

Der Merkurius vermittelt zwischen Körper und Geist und findet seinen bildlichen Ausdruck im Ouroboros, dem sich selbst verzehrenden Drachen als Symbol des permanenten Kreislaufs von Sterben und Wiedergeburt. Sein letzter Weg führt Melquiadés ins Wasser eines Flusses, er sagt ähnlich wie schon Borgés in seinem Gedicht „Son los ríos“ hier: „Somos del agua“.

“Años después, frente al pelotón de fusilamiento, Arcadio había de acordarse del temblor con que Melquíades le hizo escuchar varias páginas de su escritura impenetrable, que por supuesto no entendió, pero que al ser leídas en voz alta parecían encíclicas cantadas. Luego sonrió por primera vez en mucho tiempo y dijo en castellano: «Cuando me muera, quemen mercurio durante tres días en mi cuarto.» Arcadio se lo cantó a José Arcadio Buendía, y éste trató de obtener una información más explícita, pero sólo consiguió una respuesta: «He alcanzado la inmortalidad.» Cuando la respiración de Melquíades empezó a oler, Arcadio lo llevó a bañarse al río los jueves en la mañana. Pareció mejorar. Se desnudaba y se metía en el agua junto con las muchachos, y su misterioso sentido de orientación le permitía eludir los sitios profundos y peligrosos. «Somos del agua», dijo en cierta ocasión. Así pasó mucho tiempo sin que nadie lo viera en la casa, salvo la noche en que hizo un conmovedor esfuerzo por componer la pianola, y cuando iba al río con Arcadio llevando bajo el brazo la totuma y la bola de jabón de corozo envueltas en una toalla. Un jueves, antes de que lo llamaran para ir al río, Aureliano le oyó decir: «He muerto de fiebre en los médanos de Singapur.» Ese día se metió en el agua par un mal camino y no lo encontraron hasta la mañana siguiente, varios kilómetros más abajo, varado en un recodo luminoso y con un gallinazo solitario parado en el vientre.” Pdf, S.32.

Macondo: eine Geisteshaltung

Der Ort Arracataca in Kolumbien und seine Bewohner profitieren seit langem von neugierigen Literaturtouristen, die den Personen im Roman in der realen Welt nachstellen. Da kann man dann auf die Frage: „Wo wohnt denn Petra Cortes“ eine klare Antwort bekommen: Gleich hinter dem Bäcker im weißen Haus mit dem Papayabaum. Marquéz kannte die Umtriebigkeit der Dorfbewohner. Er erklärt ihr buntes Treiben mit der Phantasie der Besucher als Fälschung der Welt.

“Siempre he tenido un gran respeto por los lectores que andan buscando la realidad escondida detrás de mis libros. Pero más respeto a quienes la encuentran, porque yo nunca lo he logrado. En Aracataca, el pueblo del Caribe donde nací, esto parece ser un oficio de todos los días. Allí ha surgido en los últimos veinte años una generación de niños astutos que esperan en la estación del tren a los cazadores de mitos para llevarlos a conocer los lugares, las cosas y aun los personajes de mis novelas: el árbol donde estuvo amarrado José Arcadio el viejo, o el castaño a cuya sombra murió el coronel Aureliano Buendía, o la tumba donde Úrsula Iguarán fue enterrada —y tal vez viva— en una caja de zapatos. Esos niños no han leído mis novelas, por supuesto, de modo que su conocimiento del Macondo mítico no proviene de ellas, y los lugares, las cosas y los personajes que les muestran a los turistas solo son reales en la medida en que éstos están dispuestos a aceptarlos. Es decir, que detrás del Macondo creado por la ficción literaria hay otro Macondo más imaginario y más mítico aún, creado por los lectores, y certificado por los niños de Aracataca con un tercer Macondo visible y palpable, que es sin duda el más falso de todos. Por fortuna, Macondo no es un lugar sino un estado de ánimo que le permite a uno ver lo que quiere ver, y verlo como quiere”

Den Bericht von Alberto Salcedo Ramos dazu gab es in Ecos, marzo 2014, S.13 und im Cubamagzin.